Habitando al juez



Me ha dado por recuperar este Goodies viejito porque por estos días ha estado más vivo que nunca, después de terminar la lectura de “De animales a dioses” y comenzar con el segundo de la saga de “Conversaciones con Dios”, –libros que por cierto les recomiendo– me ha dado por pensar mucho en el juez implacable que todos llevamos adentro, señalando todo el tiempo a inocentes y culpables, malos y buenos, claros y oscuros, pero con un conflicto absoluto para poder habitar el presente en su complejidad y en su totalidad.

Este juez, no solamente se ensaña en las personas que nos rodean, también muchas veces de forma silenciosa y discreta nos carcome por dentro sin que podamos siquiera notar sus efectos, nos susurra mensajes nocivos, nos dice que estamos mal, nos hace sentir miedo e inseguridad.

A una amiga que me preguntaba esta mañana si aún seguía siendo una persona igual de pensativa, le dije que justo en este momento, ando pensando en dejar de pensar tanto. Creo que cada vez me voy enamorando más de las enseñanzas budistas, de la idea de que tal vez no hay que prestarle tanta atención a todo, tal vez se puede vivir más liviano entendiendo que no somos nuestras mentes ni nuestros cuerpos, ya que estos son solo parte de una realidad pasajera y muchos de los conflictos que nos trastornan y nos destruyen en el día a día, se pueden atravesar con mucha más paz, tan solo con liberar el control y la necesidad de que las cosas sean como nosotros las queremos.

Sin más preámbulos, por acá les dejo un pequeño fragmento de “De animales a dioses” por si le quieren dar una ojeada, no sin antes decirles, que si les gustó esta reflexión y van a seguir leyendo para abajo, recuerden que no estamos solos en este viaje y que hay muchas más personas pensando, sintiendo y necesitando lo que hemos aprendido, así que me alegra poderles compartir esto y agradezco a quienes me han compartido de su viaje y su experiencia.

“¿Qué hay de tan importante en la obtención de premios efímeros durante nuestra vida? ¿Por qué esforzarnos tanto para conseguir algo que desaparecerá casi tan pronto como surge? Según el budismo, la raíz del sufrimiento no es ni la sensación de dolor ni la tristeza, ni siquiera la falta de sentido. Más bien, el origen real del sufrimiento es la búsqueda continúa e inútil de sensaciones fugaces, que hace que estemos en un estado de tensión constante, de desazón y de insatisfacción. Debido a esta búsqueda, la mente nunca está satisfecha. Incluso cuando experimenta placer no está contenta, porque teme que esta sensación desaparezca pronto, y anhela que dicha sensación permanezca y se intensifique.

La gente se libera del sufrimiento no cuando experimenta este o aquel placer pasajero, sino cuando comprende la naturaleza no permanente de todas sus sensaciones y deja de anhelarlas. Este es el objetivo de las prácticas budistas de meditación. En la meditación se supone que uno observa de cerca su mente y su cuerpo, presencia la aparición y desaparición incesante de todas su sensaciones, y se da cuenta de lo inútil que es intentar conseguirlas. Cuando la búsqueda se detiene, la mente se vuelve más relajada, clara y satisfecha. Siguen surgiendo y pasando todo tipo de sensaciones (alegría, ira, aburrimiento, lujuria), pero cuando uno deja de anhelar sensaciones concretas, estas se aceptan sencillamente por lo que son. Uno vive en el momento presente en lugar de fantasear acerca de lo que pudo haber sido.

La serenidad que resulta es tan profunda que los que pasan su vida en una búsqueda frenética de sensaciones agradables apenas pueden imaginarla. Es como un hombre que permanece durante décadas en la playa, abrazando algunas olas “buenas” e intentando impedir que se desintegren, mientras que simultáneamente aparta las olas “malas” para evitar que se acerquen a él. Un día tras otro, el hombre sigue de pie en la playa, volviéndose loco con su ejercicio infructuoso. Finalmente, se sienta en la arena y simplemente deja que las olas venta y se vayan a su antojo. ¡Qué apacible!.

Esta idea es tan ajena a la cultura liberal moderna que cuando los movimiento de la new age en occidente dieron con los descubrimiento budistas, los tradujeron en términos equivocados, con lo que les dieron la vuelta. Los cultos de la New Age suelen decir: “La felicidad no depende de condiciones externas. Solo depende de lo que uno sienta en su interior. La gente debería dejar de buscar logros externos como riqueza y estatus social, y conectar en cambio con sus sentimientos interiores”. O, de manera más sucinta “La felicidad empieza dentro”. Esto es exactamente lo que dicen los biólogos, más o menos lo contrario a lo que nos quería enseñar Buda.

Buda coincidía con la biología moderna y con los movimiento de la New Age en que la felicidad es independiente de las condiciones externas. Pero su hallazgo más importante y mucho más profundo fue que la verdadera felicidad es también independiente de nuestros sentimientos internos. De hecho, cuanta más importancia damos a nuestras sensaciones, más las anhelamos y más sufrimos. La recomendación de Buda fue detener no solo la búsqueda de los logros externos, sino también la búsqueda de los sentimientos internos”.

Fragmento extraído del libro "De animales a Dioses".



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